
Preocupa la ola destituyente que se mueve allí en el norte. Es en el sur del norte. Ese sur que perdió categóricamente en las urnas su voluntad de hacer caer al presidente constitucional.
No es fácil comprender cómo pueden hacerse y decirse cosas tan llenas de xenofobia, racismo y antimodernidad. El desprecio de la élite históricamente dominante hacia los indígenas y los pobres (tiende a existir confluencia, como bien lo señala Aristóteles) es aberrante.
Hace tres años, el argentino Daniel Larriqueta publicó un artículo que nos ponía en "perspectiva histórica" y que recobra vigor actualmente. En privado, este amigo enseña que el periodismo es la epidermis, la política la tierra media, y la Historia la profundidad más extensa.
Las noticias recientes nos llevan a algunas cuestiones de teoría política: 1) si se profundiza el inconstitucional accionar separatista de ciertas regiones, puede darse un escenario de estado de excepción. En otras palabras, se pone en juego quién es el legítimo depositario de la soberanía. 2) Contrariamente a lo que "el paco mediático" parafrasea, parece que la clase social que más des-ordenes genera no es la de los marginales sino la de los grandes. Y es que el peso de la Historia avala esta verdad, en evidencia desde Atenas y Roma hasta hoy, y semejante carga aplasta a cualquier botarate que hable desde la propaladora cajita del payaso asesino.