
Maquiavelo caracteriza a este grupo, que es generalmente minoritario en número, como un actor dotado de astucia, previsión y de operatividad para organizar alteraciones. Anima a los grandes una actitud insolente y soberbia, pero particularmente proclive a intentar hacer valer como regla para el conjunto su particular criterio de orden -en el sentido más integral del término- que han forjado socialmente y que buscarán por distintas vías y modos traducir en reglas para la ciudad. Lo que tienen, entonces, es una gran capacidad de despliegue de poder social.
Como ya los había retratado Aristóteles, ni saben ni quieren ser gobernados. Buscan siempre, así lo cree Maquiavelo, apropiarse de la libertad. El atributo de su contraparte, el pueblo (número, pobreza y libertad) opera como resistencia; su límite son los ordenamientos republicanos, la desunión como puesta en acto en la ciudad del principio de no-dominación. En otras palabras, la potencia de la libertad y la igualdad propias del régimen libre son el escollo más grande a la ambición de los oligoi.
Con la debida previsión que debe ponerse para evitar la anacronía, y aceptando la libre criticabilidad de las cosas, hace unos pocos días ocurrieron dos hechos que pueden habilitar el ejemplo del perfil que se trazaba. Alcanza a periodistas que discursivamente pusieron luz sobre esta operatividad del poder de los pocos. Y fueron anulados, silenciados, despedidos: censurados.
1) Miguel Bonasso -periodista, escritor y diputado de la nación- en el diario Crítica: atacó en dos frentes, prensa y parlamento, al emprendimiento minero binacional de la poderosa Barrick-Gold en Pascua-Lama. Se trata de minería a cielo abierto, una inversión de tres mil millones. Despues de esta nota, esta y esta, no escribe más en el diario.
2) Reynaldo Sietecase y sus compañeros de Tres Poderes (ahora es claro que en el canal América 24 los únicos tres poderes son Vila, Manzano y De Narváez) entrevistaron al candidato De Narvaéz. Se pusieron un poco agudos con el dueño de la pelota y de golpe ¡PUFF! salieron de pantalla, como cuando te fallaba el Pacman al cambiar de nivel...
Como ya los había retratado Aristóteles, ni saben ni quieren ser gobernados. Buscan siempre, así lo cree Maquiavelo, apropiarse de la libertad. El atributo de su contraparte, el pueblo (número, pobreza y libertad) opera como resistencia; su límite son los ordenamientos republicanos, la desunión como puesta en acto en la ciudad del principio de no-dominación. En otras palabras, la potencia de la libertad y la igualdad propias del régimen libre son el escollo más grande a la ambición de los oligoi.
Con la debida previsión que debe ponerse para evitar la anacronía, y aceptando la libre criticabilidad de las cosas, hace unos pocos días ocurrieron dos hechos que pueden habilitar el ejemplo del perfil que se trazaba. Alcanza a periodistas que discursivamente pusieron luz sobre esta operatividad del poder de los pocos. Y fueron anulados, silenciados, despedidos: censurados.
1) Miguel Bonasso -periodista, escritor y diputado de la nación- en el diario Crítica: atacó en dos frentes, prensa y parlamento, al emprendimiento minero binacional de la poderosa Barrick-Gold en Pascua-Lama. Se trata de minería a cielo abierto, una inversión de tres mil millones. Despues de esta nota, esta y esta, no escribe más en el diario.
2) Reynaldo Sietecase y sus compañeros de Tres Poderes (ahora es claro que en el canal América 24 los únicos tres poderes son Vila, Manzano y De Narváez) entrevistaron al candidato De Narvaéz. Se pusieron un poco agudos con el dueño de la pelota y de golpe ¡PUFF! salieron de pantalla, como cuando te fallaba el Pacman al cambiar de nivel...