sábado, 7 de agosto de 2010

¿Vos tenés mi paraguas?

Después de recibirme dejé de ir a congresos de ciencia política y a otras actividades del microclima o bandolandia profesional.  Por qué, no se. Pero ocurrió así.  En un intento de reconciliación, preparé una ponencia para el V Congreso Latinoamericano de Ciencia Política, del 28 al 30 de julio de 2010 en Buenos Aires. 

Para no romper la tendencia, tengo la suerte de que me toque hablar el viernes a las 9 en la sede de la Pontificia Universidad Católica, en la orillas de la ciudad y bajo una lluvia agresiva y persistente. Pondero alternativas. Mi auto sufre esclerosis lumínica y pierde, de a poco, las largas, las cortas y -al alba- me saluda tuerto. ¿Piloto largo antitempestad o corto para garúa? Corto, porque complemento con un paraguas invulnerable. Igual le pongo la alarma para que no se ofenda, me bajo y camino hasta el tren en Belgrannenburg para conectar con el subte Retiro-Sabsay. 

En el viaje repaso el tema, un análisis de casos comparados entre los procesos de las leyes de bosques, de glaciares y del conflicto de Botnia. Hojeo el programa y advierto que los otros expositores del panel 208 vienen de las universidades de Campinas, San Pablo y Minas Gerais. Prefiero empezar por las conclusiones porque tienen elasticidad para ser generalizables a toda Sudamérica y no complicar a los colegas con el siempre inefable caso argento.

Continúo una inabarcable exploración de la agenda y leo algo que me deja sobrecogido. Es la presentación de sí misma que hace la UCA. La cito: "Así, con el fin de promover la investigación y la docencia de la verdad en sus diversas manifestaciones y en su Unidad Sapiencial, la UCA fue sumando a lo largo de estos más de 50 años Facultades e Institutos que confieren el conocimiento de un sector especializado de la verdad...".  Caramba. Ahora entiendo la respuesta de Unamuno a Millán Astray cuando dijo, como Rector de Salamanca, que la Universidad era un templo y él su sumo sacerdote.  Yo sabía que no se admitían las minifaldas y las ojotas, pero que a uno le digan que va a adentrarse en el regno della verità lo obliga a repasar toda su vida en un instante.



Me acredito. Hay caras que creo que conozco pero no estoy seguro. En el aula, unas 15 personas. No veo escenas de tortura porque el crucifijo es austero, pequeño y está vacante aún. Cada uno dice lo suyo. Las preguntas al final. Hablé último y se ve que lo viví como emoción violenta porque no me acuerdo cómo estuve. Lo mismo me pasa con el fútbol, sólo tengo entidad en el informe del árbitro y el relato de los demás. Esa amnesia me permite seguir jugando.

A los congresos se iba por el fetiche de escuchar en vivo a los padres fundadores, a conocer gente y a divertirte en la multiculturalidad o la endogamia.  Si estabas perdido, señal de alarma. Si estabas en tema,  buenas noticias. Tanto tiempo en off me deposita bruscamente en los contrastes; ahora, lo que sirve es juntar papelitos. Escribís, exponés y pasás por bedelía a buscar la constancia de seguir siendo parte del club de tenedores de prestigio simbólico legítimo (gracias, Bourdieu). 

Salgo al pasillo. No camino, orbito. Muy cerca en otra sala hay un grupo que conversa animadamente (en ronda, detalle no menor). Busco el genoma en las referencias: son los 238-OPI-UCA S04 blogs, bloggers y política. Están Eugenia Mitchelstein (hizo una buena ponencia de su investigación en la Northwestern), Martín Alessandro, Diego Reynoso y Gustavo Arballo coordinados por Santiago Alles, que juega de local y es eficaz. Son los deus ex machina de blogs que leo asiduamente: el criador de gorilas, votos ponderados y saber leyes no es saber derecho.

Salvo la mañana. Tiempo de emigrar. Saludos (tarjeta no tengo). ¿Dónde están mis cosas? las olvidé en el aula donde di la ponencia. Menos mal que me acordé. Voy a buscarlas. Hay otros 15 esperando la campana para correr a buscar las ISO-9000-politólogoconferencista. Gran despliegue. Invocaron al Leviatán Powerpoint, que causa estragos en las ciencias sociales. Les tapo unas variables independientes porque entro erróneamente por el frente y no por el fondo del aula. Constato lo peor: me afanaron olímpicamente todo. 
Voy a ver al sheriff de la cristiandad. Primero me mandan a la Oficina de Objetos Perdidos, lugar inveteradamente desértico. Les digo que tenemos un problema ontológico: mi paraguas no está perdido sino piantado. Si no nos ponemos de acuerdo sobre el ser de la cosa, mal podemos encontrarla. Recuerden a Heidegger: el Ser nos muestra la espalda cuando vamos por él. Con amabilidad requiere mi teléfono y me dice que si aparece, lo vamos a llamar. Increíblemente me dejo amansar y confieso un cuatro cinco cuatro serabs zarasa zabaraza. 

En la puerta me embarga la tentación de apostarme hasta ver salir al malhechor. Así hizo mi amigo Manolo con su campera en una disco de Mar del Plata en 1996. Es desigual la lucha con este flagelo de la inseguridad. ¡Si ni siquiera en la Unidad Sapiencial estamos a resguardo!

Llueve con furia. Corro hasta ese tren aberrante que recorre 10 cuadras. Se abren las puertas. No tengo monedas. Pido cambio. La respuesta es un sonido hidráulico. Arranca. Yo no. Remonto por Estados Unidos hasta otra mentira: la avenida más ancha del mundo. Tan ancha no debe ser porque tardé una eternidad  en llegar. Empapado. Ya estoy en el subte. Sentado, reviso entre lo poco que salvé y verifico que la constancia  esté seca. Eso es lo importante. 

[JMG]







 


1 comentario:

Marian dijo...

la sapiencia, la sapiencia... nos pasarán esas cosas por no adherir del todo al pragmatismo norteamericano y desechar a la verdad como esencia en sí misma, pretendiendo que mientras uno no lo ve el paraguas efectivamente sigue existiendo???....

yo tuve la suerte ya dos veces de que en nuestra facultad, mucho más humilde que las instalaciones de la UCA, de dejarme cosas y recuperarlas felizmente en la pequeña oficina de intendencia, mediante un sencillo procedimiento (identificación de la pertenencia en cuestión y constancia en acta -cuadernito américa de 48 hojas)...

quién sabe... las certificaciones ISO (ya por la 9001 si no me equivoco) son un presupuesto, como las acreditaciones de la CONEAU... quién te dice, por ahí encontrás en San Telmo tu paraguas a la venta en algún mercadito, con algún rótulo que le asigne un pasado misteriooooooso...


saludos a todos!